



Hay lugares donde el acordeón se escucha. En San Juan Nepomuceno, el acordeón se vive.
Sus notas han acompañado durante décadas las fiestas populares, los encuentros familiares y las celebraciones que hacen parte de la identidad de nuestro pueblo. Han sido la banda sonora de historias que han pasado de generación en generación y que hoy siguen resonando en cada rincón de este territorio montemariano.
No es casualidad que San Juan Nepomuceno sea reconocido como una tierra de acordeoneros, compositores y guardianes de la tradición vallenata. Figuras como Julio Rojas Buendía y Rafael Ricardo ayudaron a proyectar el nombre del municipio más allá de sus fronteras, demostrando que desde los Montes de María también se construye historia para la música colombiana. A ello se suma el legado del Festival Nacional de Acordeoneros y Decimeros, una de las manifestaciones culturales más importantes del municipio, que durante años ha reunido a intérpretes, compositores y amantes del folclor alrededor de las expresiones que nos identifican como pueblo.
Es precisamente en ese legado donde encuentra sentido el proceso de formación en Acordeón Diatónico de la Casa de la Cultura de San Juan Nepomuceno. Más que enseñar a tocar un instrumento, este programa busca garantizar que la tradición continúe viva en las manos de las nuevas generaciones.
Cada año, niños, jóvenes y adultos llegan con la ilusión de aprender los secretos de un instrumento que forma parte esencial de la música vallenata y de las expresiones culturales del Caribe colombiano. Los primeros encuentros están dedicados a conocer el acordeón, comprender el movimiento del fuelle y desarrollar la coordinación necesaria para interpretar las primeras melodías. Poco a poco, el esfuerzo y la constancia permiten que las notas aisladas se conviertan en canciones y que las canciones comiencen a contar historias.
A medida que avanzan en su proceso formativo, los estudiantes fortalecen sus habilidades técnicas, perfeccionan la digitación, exploran los ritmos tradicionales y amplían su conocimiento del repertorio vallenato. Cada pieza interpretada representa un nuevo paso en el camino de convertirse no solo en músicos, sino también en portadores de una herencia cultural invaluable.
Pero el aprendizaje va mucho más allá de la ejecución musical. El acordeón enseña disciplina, paciencia, responsabilidad y confianza. Cada ensayo fortalece la autoestima de los estudiantes y les permite descubrir capacidades que muchas veces desconocían. La música se convierte así en una herramienta para el crecimiento personal y para la construcción de proyectos de vida.
Las muestras artísticas y presentaciones públicas permiten que ese aprendizaje encuentre un escenario donde florecer. Allí, los estudiantes comparten con la comunidad el resultado de meses de dedicación, demostrando que las tradiciones siguen vivas y que existen nuevas generaciones dispuestas a preservarlas.
En San Juan Nepomuceno, el acordeón sigue siendo mucho más que un instrumento. Es una herencia que se transmite de mano en mano, una expresión de nuestra identidad cultural y un símbolo que nos conecta con quienes escribieron nuestra historia y con quienes hoy continúan construyéndola.
